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La mejor introducción a la provincia de Salta es su histórica ciudad homónima. Ubicada a 1.280 metros sobre el nivel del mar, en el Valle de Lerma con un fondo de oscuras colinas verdosas es un lugar verdaderamente romántico, donde puedes asistir a las peñas nocturnas, escuchar la apasionada música folclórica y comer las maravillosas delicias locales. Durante el día, la arquitectura propia del lugar resulta encantadora, desde la Iglesia San Francisco, cuyas paredes se encuentran pintadas de un atrevido color ciruela, y un pintoresco cabildo colonial, a la arquitectura neo-colonial de los años ’30 (1930). En la ciudad también encontramos dos espléndidos museos que te harán apreciar la historia de la región incluso antes de que veas por ti mismo aquellos sitios antiguos, y finos mercados de artesanías donde podrá comprar unos coloridos y hermosos ponchos. La ciudad de Salta revive particularmente durante la segunda semana de septiembre cuando se celebra la Fiesta del Milagro con una colorida procesión.
Luego de un par de horas de haber recorrido la ciudad ya se habrá encariñado con ella. La calidad de los hoteles de la ciudad de Salta no tiene nada que envidiarle a los mejores hoteles de Argentina. El corazón de Salta capital es la Plaza 9 de Julio, llena de bellas palmeras y rodeada por construcciones de estilo colonial. El Cabildo de 1783 es uno de los pocos del en haber sido encontrado intacto, y detrás de sus arcos agradablemente irregulares se encuentra un impresionante museo, el Histórico del Norte. Dispuesta en una serie de habitaciones que rodean a dos jardines internos, la colección hace un seguimiento de la historia de la región desde los tiempos precolombinos, particularmente con buenas exposiciones de las guerras de la independencia y de Güemes liderando a los gauchos hacia la victoria. En el piso superior, entre algunos objetos y cuadros de arte religioso, se encuentra un fino púlpito de oro del siglo XVIII y pinturas de la escuela de Cuzco; mientras que afuera observamos carruajes y antiguas prensas de vino. En el lado norte de la ciudad se ubica la catedral, abierta durante las mañanas y las tardes, construida entre los años 1858-1878, contiene imágenes de Cristo del Milagro y de la Virgen María, las cuales están ambas sobre un altar barroco del año 1807.

Caminando hacia el este de la plaza nos encontramos con la calle Caseros, una calle interesante llena de edificios ligeramente destrozados. Luego de hacer una cuadra llegará a la Iglesia San Francisco (1796), uno de los hitos de la ciudad, con su magnífica fachada color ciruela decorada con suntuosos rollos de pergamino, y su elegante torre. El interior es relativamente sencillo, pero presenta algunas notables estatuas para admirar, tales como la de San Sebastián. Dos cuadras más hacia el este encontramos el Convento de San Bernardo, Caseros y Santa Fe, construidos al estilo colonial en el año 1846, con una puerta de madera exquisitamente tallada que data del año 1762. Desafortunadamente, no se permite la entrada a este convento pues aún es hogar de las monjas, pero suelen abrir una pequeña tienda con una pequeña colección de artesanías. Una cuadra al oeste del Cabildo encontramos tres mansiones coloniales: la Casa Leguizamón, la Casa Arias Rengel (ahora alojamiento del Museo de Bellas Artes) y la Casa Hernández. Un poco más alejada se encuentra también la Casa Uriburu. Recordemos que desde la terminal de trenes parte el famoso Tren de la Nubes que asciende a la Puna norteña.
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