No todos los países reciben al tango de la misma manera. Los japoneses, por ejemplo, son los fanáticos más grandes y admiran el tango tradicional, sin una gran cantidad de coreografía. Algunos seguidores tienen hasta 3.600 grabaciones, y también hay coleccionistas de concertina, los que, irónicamente, tienen algunas de las mejores del mercado.

Cuando se rompe un instrumento de un músico Argentino, el sabe que debe buscarse un reemplazo en Japón, en donde puede pagar hasta US$ 30.000 por él. Los clubes de tango existen en cada ciudad, grupos en donde los miembros no sólo bailan sino que también analizan la música en detalle. Japón también tiene sus propias estrellas de tango: Ranko Fujisawa, ahora retirada, es famosa a nivel mundial por el sentimiento transmitido a través de su canto, a pesar de no utilizar fonéticas.
Hay grandes orquestas internacionales como la “Tango Cristal,” una familia entera dedicada al tango. Su cantante es un joven japonés que se llama Roberto, por Roberto Goyeneche, y toca su amplio repertorio a la perfección. Los argentinos también se reunieron con exitosos de este país, con espectáculos como “Buenos Aires Tango”, un gran éxito desde 1990. La moda abarca todas las edades, y un bar de karaoke para tango fue abierto recientemente en el centro de Tokyo.
Por el otro lado, en los Estados Unidos, la gente prefiere un tango más espectacular y acrobático, fundamentalmente ágil. También aprecian el tango en su forma simple, pero con extrema atención al detalle. El show Argentino “Tango Para Siempre,” un éxito en Broadway, conquistó a los Newyorkinos, quienes se retiran del teatro imitando cortes y quebradas en el medio de la calle. Los países de América del Sur —Brasil, Ecuador, Colombia— se mueven por la energía del bailarín; no demandan pasos especiales ni solos musicales. Sin embargo, su sangre aclama por esa pasión. Diferentes culturas adoptaron esta apasionada forma de vivir, manifestando todos los sentidos, inmerso en una especie de nostalgia posmoderna.